Las soluciones de hoy, problemas de mañana.
“…ciudades de gran extensión territorial, sin límites claros y con bajos niveles de densidad habitacional, ocupando ricos suelos agrícolas, suena a cuento repetido, pero quienes implementan hoy las políticas públicas en materia habitacional parecen no haberlo aprendido.”
Con el objetivo de disminuir el déficit habitacional rural el estado de chile ha implementado políticas públicas que han tenido excelentes resultados cuantitativos, pero dejan fuertes interrogantes con respecto a las consecuencias colaterales de su aplicación, y sobre los problemas que ocasionaran en el futuro las soluciones implementadas en el presente.
El subsidio habitacional rural es un programa impulsado por el gobierno que tiene como objetivo la construcción de viviendas sociales para las familias que viven en condiciones de pobreza en zonas rurales. El Estado entrega para la construcción de estas viviendas un monto que oscila entre las 220 y 300 UF las que se suman al ahorro exigido de 10 UF. El resultado es una vivienda de aproximadamente 38 m² con dos dormitorios, un baño y un estar-comedor-cocina.
Dentro de las exigencias para postular a este subsidio están las factibilidades de servicios de agua potable y alcantarillado, en la práctica, estas no pueden ser exigibles, ya que generalmente en las zonas rurales, incluso en los casos en que se cuenta con sistemas de agua potable rural, estos, no contemplan alcantarillado. Otra de las condiciones para postular es ser propietario del terreno donde se emplazará la vivienda, en la práctica tampoco puede ser exigible ya que la subdivisión predial mínima en sectores rurales es de 5.000 m² lo que hace difícil que una familia que vive en condición de pobreza pueda ser propietaria de un terreno de esas dimensiones. Para hacer factible la aplicación de este subsidio se ha permitido que los beneficiarios obtengan agua de pozos o norias, y que las aguas servidas sean depositadas en fosas sépticas. También se permite que los beneficiarios puedan obtener el subsidio sin ser propietarios del terreno, siempre que el propietario les dé un permiso notarial de uso.
Como generalmente sucede con las políticas habitacionales aplicadas en chile desde la década de los ochenta, el subsidio habitacional rural ha tenido muy buenos resultados cuantitativos, lo que ha permitido bajar el déficit habitacional en zonas rurales, tanto así, que en los últimos años ha sido difícil entregar todos los subsidios presupuestados debido a la baja demanda que han teniendo. Pero al igual que en los subsidios urbanos, que también arrojan resultados récores en América Latina, se esconde una serie de deficiencias de la calidad de las viviendas como objetos, y de la interacción de estos con el medio en el que se emplazan, en el caso de los urbanos con la ciudad, en el caso de los rurales con el campo.
La aplicación del subsidio habitacional rural ha fomentado la transformación de extensos terrenos anteriormente agrícolas, en zonas ambiguas, donde no se cuenta con las comodidades, de urbanización, conectividad y equipamiento propias de la ciudad, pero tampoco se pueden realizar actividades silvoagropecuarias productivas, debido a la fragmentación de los terrenos, y al uso habitacional que se da a la mayoría de estos. Estas zonas ambiguas son futuras ciudades disfuncionales, que plantearan una gran cantidad de dificultades que afectarán el desarrollo de sus habitantes, ciudades de gran extensión territorial, sin límites claros y con bajos niveles de densidad habitacional, ocupando ricos suelos agrícolas, suena a cuento repetido, pero quienes implementan hoy las políticas públicas en materia habitacional parecen no haberlo aprendido.
Establecer límites entre el suelo urbano y el rural, optimiza el gasto en obras de urbanización, transporte y equipamiento, y a la vez permite la utilización eficiente del suelo rural en actividades productivas. Si los trabajadores agrícolas necesitan vivir cerca de los centros productivos, el estado debería subsidiar la fundación de nuevos villorrios, bien urbanizados y con límites claros, con densidades habitacionales medias, permitiendo también descomprimir otros centros urbanos más poblados, así sus habitantes podrían mejorar su calidad de vida, y el suelo agrícola quedaría un poco más libre de especulaciones inmobiliarias, pudiendo ser empleado de mejor manera en actividades que aporten al desarrollo productivo del país.
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