Ventana a un futuro colectivo y luminoso

AyC-02-42-Edif-de-Habitac“El espacio y el sol son patrimonio nacional”, autor: Antonio Quintana.

La fotografía[1] fue ubicada al final del artículo titulado “Edificios de habitación”, en el que se sostenía que el individualismo había producido, a lo largo de la historia, ciudades carentes de espacio público, con construcciones insalubres, mal ventiladas y poco asoleadas, y que un cambio hacia la “solidaridad colectiva” lograría modernizar la producción urbana, como ya se había producido en otros campos como el transporte o las telecomunicaciones. Así la imagen ilustraba con un caso nacional lo que se lograba dejando atrás el individualismo en el ámbito de la producción de la ciudad. El mismo número de la revista contenía otro artículo titulado “Conjunto de habitaciones”, en el que se describía con palabras e imágenes a la población Huemul II, la misma donde fue realizada la fotografía.

La fotografía era una perspectiva del espacio común de la población, compuesta por dos planos claramente reconocibles, el primero actuaba como un marco para el segundo, su condición de semi-interior más oscuro contrastaba con la luminosidad del espacio exterior. El segundo plano, el exterior luminoso, era el motivo central de la imagen.

En la fotografía había 18 personas; 4 niños y un bebe ocupaban el primer plano, ellos tenían una actitud contemplativa con respecto al segundo, de complicidad con el espectador, la que se reforzaba con la mirada que devolvía, a quién miraba la imagen, uno de los niños sentados en el antepecho. En el segundo plano había 7 niños y un adulto reconocibles a primera vista, además de otros 5 niños identificables al mirar con mayor detención. Los ojos del adulto, vestido formalmente, coincidían con el plano del horizonte, al estar ubicado a la altura de la vista del observador, permitía comprender la escala de los elementos que componían la imagen.

Los 3 objetos que componían principalmente a la imagen se podían apreciar casi en su totalidad sin toparse entre ellos: El edificio en escorzo mostraba sus dos dimensiones, una colectiva y monumental representada por la cara blanca y ciega, y una individual representada por la fachada que contenía ventanas, puertas y pasillos. El equipamiento del espacio público estaba compuesto por el mástil, cívico y vertical, que dividía lo construido (el edificio) de lo natural (el cielo y la vegetación), y por la piscina, que como contrapartida del mástil se presentaba horizontal y lúdica, siendo el centro de atracción de todos los personajes que componían la escena.

Mientras que con los personajes ubicados en el primer plano se establecía una relación de complicidad, un mirar juntos lo que hay más allá, con el hombre de traje se producía una relación de representación, el personaje de pie a orillas de la piscina actuaba como un avatar, que trasladaba al observador desde la propia individualidad al futuro colectivo y luminoso. Así el observador aparecía a ambos lados de la imagen, por un lado acompañando a los niños del primer plano, y por otro, observado por esos mismos niños, mientras permanecía de pie a un costado de la piscina.

Krauss (2002:24) refiriéndose al pensamiento de Nadar[2], señaló que “la fotografía se halla necesariamente en relación directa con su referente y desencadena la actividad de impresión directa de forma tan inevitable como el pie en la arena”, es decir que la fotografía se ve condicionada por la necesidad de que el objeto representado se relacione directamente con el fotógrafo, estableciendo así el carácter documental propio de la fotografía, la fotografía en esencia sería un medio de representación que actúa como huella del pasado, ya que, el objeto representado necesariamente tiene que existir antes que su representación fotográfica.

Pero la imagen analizada también tiene una dimensión proyectual, la que tiene más en común con la perspectiva renacentista de Alberti y con ese mirar más allá descrito por Panofsky[3], que con el carácter documental propio de la fotografía. Aunque en estricto rigor no deja de ser una fotografía, y por lo tanto el objeto representado existía antes que su representación fotográfica, lo que se está representando no son necesariamente los objetos y personajes presentes en la escena, sino una idea o un discurso del hacia donde debía caminar la sociedad. Hacia ese futuro colectivo y luminoso.

El rol proyectual que podría tener la fotografía como medio de representación en arquitectura, es una posibilidad que deja abierta el trabajo realizado. Interpretar la fotografía de arquitectura, ya sea en sentido histórico o crítico, entendiéndola más allá de su evidente rol documental, es decir, como representaciones proyectuales de ideas y discursos, antes que de edificios, abre un camino interpretativo interesante y poco explorado, el que podría ser aplicado a la fotografía de arquitectura en general.

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Bibliografía:

Alberti, L.B. Sobre la Pintura. Valencia: Fernando Torres editor, 1976, Libro I [1435].

Krauss, Rosalind. Lo fotográfico, por una teoría de los desplazamientod. Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 2002 [1990].

Panofsky, Erwin. La perspectiva como forma simbólica. Barcelona: Tusquet, 1999 [1924].

[1]  Publicada en el número 2 de la revista “Arquitectura y Construcción” de enero de 1946

[2] Nadar fue el seudónimo con el que fue conocido el fotógrafo francés Gaspard-Félix Tournachon, quien vivió entre 1820 y 1910.

[3] Panofsky (1999:11) definía a la perspectiva como “Donde todo el cuadro se halle transformado, en cierto modo, en una ventana, a través de la cual nos parezca estar viendo el espacio”. “Sin importar si esta está determinada por la inmediata impresión sensible o por una construcción geométrica más o menos correcta”.

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Los 50 años de invisibilidad del edificio Costa del Sol en Caleta Abarca

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En 1958 se inauguró el balneario la Caleta Abarca, con su costanera, accesos peatonales a la playa, y otros programas de apoyo como servicios, restaurantes y cafetería. Desde ese momento este sector de la ciudad de Viña del Mar se convirtió en un lugar turístico, provocando un desarrollo inmobiliario en los terrenos aledaños a dicho balneario.

En la década de los 60 este desarrollo inmobiliario se produjo en la ladera que daba a Caleta Abarca en el Cerro Castillo, donde se construían edificios notables cómo Baburizza y Costa Azul. Al mismo tiempo se edificó en la ladera del Cerro Recreo el edificio Costa del Sol, el que también tenía vista al balneario Caleta Abarca.

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El edificio Costa del Sol, se ubica en el barrio Cerro Recreo de la ciudad de Viña del Mar, fue proyectado por el arquitecto Moisés Díaz Neira, y su construcción fue ejecutada entre los años 1963 y 1964. Cuenta con dos accesos, uno exclusivamente peatonal por calle Toro Herrera N° 595, y otro que también permite el tránsito de vehículos por Calle Unión N° 37.

Tiene una vista privilegiada hacia el balneario de Caleta Abarca, el Cerro Castillo y la Bahía de Valparaíso. Situación que es aprovechada brindando vista al mar a todos los departamentos que lo componen.

Corresponde a un proyecto inmobiliario, compuesto por 24 departamentos, 19 de los cuales cuentan con 3 dormitorios, un baño y una superficie edificada que no supera los 70 m², y 5 departamentos de dos dormitorios. En los pasillos del bloque superior se emplazó un baño de servicio por piso.

El edificio se adapta a la pendiente del cerro dividiéndose en dos volúmenes, los primeros 4 pisos actúan como muro de contención salvando el desnivel existente entre calle Toro Herrera y Calle Unión, el segundo volumen se levanta sobre pilares, desde el nivel de calle Unión hacia arriba, dejando el nivel de la calle libre.

03El edificio es un aporte urbano para el barrio porque ofrece una fachada con ventanas y balcones hacia la Calle Toro Herrera, a diferencia del muro de contención de los lotes vecinos a dicha vía, y porque deja libre el piso a nivel de calle Unión, permitiendo al peatón que transita por dicha calle contemplar el mar.

La mayor parte de las fachadas está compuestas por ventanas, los pocos muros dispuestos en ellas encajonan a los balcones destacando de esta manera la relación del edificio con las vistas al mar.

No se han podido encontrar fotografías anteriores del edificio, es probable que su condición de espectador privilegiado del paisaje costero, lo tiende a situar en la posición del observador, y no en la del objetivo de la mayoría de las fotografías que se realizan en el sector.

Valor Técnico:

axonométrica-explotadaLa principal innovación técnica implementada en el edificio es que en la práctica es el resultado del ensamblaje de dos edificios con lógicas estructurales distintas, por un lado el volumen inferior funciona como muro de contención del cerro, y por otro, el volumen superior se posa sobre el inferior apoyado únicamente por unos pocos muros y pilares dejando el nivel de la calle abierto.

Otro valor técnico es que se libera a las fachadas de muros soportantes, permitiendo por un lado gran libertad para configurar la planta de cada departamento, quedando únicamente las zonas de servicios como baños y cocinas enmarcadas por muros estructurales, permitiendo distribuir el resto del departamento según la necesidad de sus habitantes, por otro lado, esta liberación estructural de las fachadas gracias a vigas ubicadas atrás de los ventanales permite que el edificio, se vea más ligero en términos estructurales de lo que realmente es, ya que desde el exterior las vigas quedan ocultas por las ventanas.

Valor Social:

Socialmente el edificio está diseñado para una clase media emergente, que puede pagar una segunda vivienda en el litoral, pero que no cuenta con los recursos suficientes para hacerlo en los barrios donde se instala la clase alta, ni tiene personal de servicio tiempo completo. Estas características se pueden interpretar por la ubicación del edificio, que a pesar de estar orientado hacia el balneario Caleta Abarca, el barrio en el que se emplaza es Cerro Recreo, a diferencia de los otros edificios construidos en la misma época orientados al mismo balneario pero emplazados en Cerro Castillo, también por el tamaño de los departamentos, lo que a pesar de tener 3 dormitorios no sobrepasan los 70m², y por el baño de servicio común que da a la caja de escaleras en cada piso del bloque superior.

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Valor Estético:

El edificio Costa del Sol es un espectador privilegiado del paisaje costero, el encajonamiento que se realiza de los balcones con muros y losas acentúa esta condición, remarcando la voluntad de mirar al mar, los gruesos y únicos muros dispuestos en la fachada del bloque superior con esta finalidad, están revestidos en mosaicos, y no llegan al piso, acentuando la condición de volumen que se posa sobre el nivel de la calle. La continuidad de lenguaje formal, entre el volumen superior con el inferior, permite al espectador apreciar a la obra como un todo. Desde la calle Toro Herrera, o desde la playa Caleta Abarca el edificio es percibido como una única unidad.

Valor Comparativo:

Como el edificio es la sumatoria de dos estrategias diferentes de relación con el lugar, se pueden establecer precedentes para cada una de ellas, no así del producto de su integración que es relativamente original. La estrategia seguida por el volumen superior de posarse sobre el nivel del terreno sobre unos pocos muros y pilares, dejando la primera planta libre es una estrategia recurrente en las obras del movimiento moderno, la posibilidad técnica de liberar a la fachada de su histórico rol soportante contribuyó a una proliferación de edificio que se “posaban” sobre el paisaje, la ciudad, o lo que fuera que los rodeara, un referente local de este tipo de estrategia es la Estación de Biología Marina de Montemar, diseñada por el arquitecto Enrique Gebhard, y que fue construida entre 1941 y 1959, varios de los volúmenes que la componen se posan sobre los roqueríos costeros, sostenidos únicamente por pilares dispuestos en forma oblicua. La estrategia seguida por el volumen inferior es propia de la arquitectura que se realiza en topografías de pendientes pronunciadas, no es típicamente moderna, ya que sus orígenes pueden remontarse a las construcciones de pueblos primitivos que tallaban sus hogares a la orilla de acantilados, un referente local y muy próximo es el edificio-zócalo que compone el balneario Calera Abarca, el que se emplaza entre el desnivel formado por la calle y la playa.

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El carácter único que otorga al edifico la condición de ser producto de una suma de volúmenes y estrategias diferentes pero complementarias, hacen que pueda ser considerado como una tipología excepcional. Y aunque el resultado parece ser tanto novedoso como adecuado para las condiciones características del borde costero, no se puede reconocer que haya referenciado a otras obras posteriores. También es importante señalar que a pesar de todos los valores descritos, el edifico no ha sido estudiado con anterioridad, quizás el hecho de que sus valores nunca se hayan estudiado o publicado, han hecho que permanezcan ocultos, a pesar de estar ubicado en una posición tan visible, desde uno de los puntos más turísticos de la ciudad de Viña del Mar.

 

El habitar colectivo: un mensaje dirigido a las masas

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Figura 1. Afiche de la Semana de la Vivienda de 1945, diseñado por Camilo Mori
Fuente: Godoy (1992, p. 88)

La figura central del afiche (Figura 1) que convocaba a la Semana de la Vivienda de 1945[1], estaba compuesta por tres manos derechas empuñadas, las que sujetaban con firmeza lo que parecía ser un palo o un chuzo. Las tres manos formaban una banda tricolor, azul arriba, blanco en el medio y rojo abajo. La mano azul se encontraba adornada por una blanca estrella solitaria, la que se ubicaba en la misma posición que ocuparía en la bandera nacional, si el palo o chuzo hubiese sido un mástil. Así la figura central podía ser reconocida como un símbolo que contenía dos significados. Por un lado el de la unidad, si se entendían como tres manos actuando coordinadamente en la ejecución de una acción determinada. Y por el otro a Chile, representado por la estrella solitaria y la banda tricolor. Al sumar ambos significados se completaba el concepto de unidad nacional para realizar una acción determinada.

El palo o chuzo se clavaba en el costado izquierdo de una sencilla y derruida casita de madera con techo de dos aguas, la que parecía estar a medio construir o quemada. Las manos se difuminaban en el fondo, dando la sensación de un movimiento que utilizaba como palanca al palo, inclinando hacia la derecha a la casita. Desde sus cimientos se levantaba humo o polvo, ilustrando la acción que buscaba sacarla de cuajo del suelo.

Tras la figura central estaba dibujado con líneas blancas y en perspectiva, un bloque continuo de 10 viviendas de 3 pisos. Cada vivienda se notaba separada por un muro cortafuego que sobresalía de la cubierta. Los antejardines estaban delimitados por panderetas bajas, señal de la condición semipública del espacio común que los antecedía. El dibujo en perspectiva delimitaba el horizonte y el plano desde el que se sacaba de cuajo a la casita, lo que otorgaba una sensación de profundidad y unidad a la composición.

Aunque la posición del bloque dejaba espacio suficiente para que su construcción no dependiera del proceso de demolición ilustrado en la figura central, la “unidad nacional” se empecinaba en destruir a la solitaria casita, porque representaba un anti-valor que debía ser removido, no porque se interpusiera al progreso, sino porque representaba una solución individual, construida con materiales ligeros, en contraposición con el bloque de viviendas de tres pisos, que era una solución colectiva, construida con materiales más robustos como la albañilería o el hormigón. Una familia podía edificar por su cuenta una casa de madera de un piso, sin la necesidad de que la sociedad o el Estado la asistieran en ese proceso. Pero la construcción de un bloque de 10 viviendas de 3 pisos de albañilería u hormigón, era una empresa necesariamente colectiva, tanto en los procesos de gestión y construcción, como en la forma en que sería habitado posteriormente.

La acción que estaba realizando la “unidad nacional”, esa que necesitaba una MOVILIZACION!, en rojo y mayúsculas, DE VOLUNTADES, era promover a la vivienda como un proceso social y colectivo. Esta promoción se simbolizaba con la destrucción del anti-valor que representaban las soluciones individuales, contrastándolo con la imagen sólida, y luminosa del habitar colectivo.

Cuando, el artista nacional, Camilo Mori realizó el afiche, se desempeñaba como profesor de composición en la escuela de arquitectura de Universidad de Chile, por lo que no se encontraba ajeno a la discusión profesional de esos años. Para él los afiches eran “…un dibujo concebido para transmitir un mensaje a las masas” (Godoy, 1992, p. 21). Por estas razones, el habitar colectivo fue el mensaje que la Semana de la Vivienda quería transmitir a las masas.

La necesidad de racionalizar el uso de los materiales de construcción, y de edificar conjuntos con densidades habitacionales elevadas, derivó en un consenso entre los arquitectos, de que las soluciones al problema de la vivienda pasaban por la construcción en serie de conjuntos habitacionales colectivos. Cuyo diseño urbano debía interponer entre las viviendas y el espacio público, espacios de carácter semipúblico, compuestos por vías de tránsito peatonal y parques, disponiendo la menor cantidad posible de vías de tránsito vehicular.

Debido a este consenso, es que el habitar colectivo, no era un tema a ser discutido, necesariamente, entre los profesionales, sino que era un elemento que debía ser promocionado, había que preparar a las masas, advertirles que el futuro era colectivo, que el suelo urbano era un bien escaso, y que por eso debían aprender a convivir.


[1] La Semana de la Vivienda de 1945 fue un evento organizado por el Colegio de Arquitectos que se desarrolló entre los días 4 y 12 de agosto de ese año. En las nueve sesiones de estudios, arquitectos, abogados, médicos, políticos y otros especialistas, realizaron ponencias, desde sus particulares puntos de vista, con respecto al problema de la vivienda en Chile.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El movimiento social y los planes de renovación urbana del centro de Santiago: un camino desde la expulsión a la apropiación.

“Sólo grupos, clases o fracciones de clases sociales capaces de tomar iniciativas revolucionarias pueden tomar en cuenta y llevar hasta su plena realización las soluciones a los problemas urbanos; la ciudad renovada será la obra de estas fuerza sociales y políticas” Lefevre

 

La Propuesta de Desarrollo Para la Renovación de Santiago

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La Propuesta de Desarrollo Para la Renovación de Santiago editada en 1991 (propuesta que fue la base de la implementación del subsidio de renovación urbana), señalaba con respecto a la necesidad de desarrollar políticas y programas de renovación urbana, buscando el mejoramiento de la edificación, de la infraestructura vial, del equipamiento comunitario y de áreas verdes “Fomentar la actividad residencial, privilegiando soluciones habitacionales que consoliden el carácter de heterogeneidad e integración social existente en la Comuna”, “Impulsar políticas centrales de subsidios especiales para viviendas sociales localizadas en la Comuna, dando prioridad al otorgamiento de puntuación extra a residentes, allegados…”, “Estimular la organización de la demanda, dirigida a apoyar a los grupos de potenciales residentes de la Comuna en su gestión para solucionar su problema habitacional”, “Impulsar programas de mejoramiento de entorno, con participación de la comunidad, residentes y usuarios, a través de acciones como la generación de áreas verdes, arborización, hermoseamiento de fachadas y otras”.

 

Se podría catalogar a esta propuesta como una suma de buenas intenciones todas coherentes entre sí, apuntado a una idea de cómo la comuna de Santiago debía renovarse para convertirse en una ciudad más justa. Esta propuesta de desarrollo entonces asume el rol de plan para el planificador urbano, y se traduce en mecanismos concretos cómo el subsidio para la renovación urbana.

 

Si se hubiesen implementado estas propuestas, la renovación del centro de Santiago hubiese devenido en una ciudad más justa, pero el resultado de su aplicación fue una vorágine inmobiliaria, que catalizada por el subsidio de renovación, disparó el precio del suelo y la especulación. Esto provocó la expulsión de los pobres del centro de Santiago, y junto con ellos el carácter de heterogeneidad e integración que caracterizaban a la comuna. La especulación ha provocado que terrenos permanezcan baldíos por años, misma suerte que han corrido varios inmuebles patrimoniales, que en estado de abandono esperan un incendio que los libere de sus arcaicas edificaciones, para así añadir un nuevo lote baldío en engorda, mientras es utilizado de estacionamiento.

 

¿Por qué el resultado de las, supongamos, buenas intenciones del planificador se traducen en un resultado contrario a sus intereses?

 

La Red de Inmuebles Recuperados por Autogestión

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Un grupo de allegados y arrendatarios del centro de Santiago, que se vieron afectado por los daños ocasionados por el terremoto de 2010, se unieron para buscar solución a sus problemas habitacionales. Se organizaron en asambleas que comenzaron un proceso autogestionario para conseguir viviendas en el interior de la comuna. Al poco andar visualizaron que la presión inmobiliaria impedía toda gestión tendiente a la construcción de viviendas sociales, pero también vieron una oportunidad al identificar grandes casonas en manos del Estado que se encontraban abandonadas. Con el lema “Ni casas sin gente ni gente sin casa” se tomaron dos casonas ubicadas en la calle Santa Rosa, presionando, de esta forma, a la autoridad para que destinara esos predios a la construcción de viviendas sociales, así surge la red de inmuebles recuperados por autogestión IRA.

 

El objetivo de los pobladores organizados en los IRA es poder seguir viviendo en la comuna que han habitado toda su vida, la comuna donde se encuentran sus puestos laborales y sus redes sociales. La lucha de estos pobladores es la lucha por el derecho a la ciudad, el derecho a la centralidad en todas sus dimensiones. Para lograr este objetivo el primer paso luego de haberse organizado en asambleas, fue ocupar inmuebles abandonados para avanzar en 2 direcciones, por un lado presionar a la autoridad demostrando la necesidad de techo que tenían en la comuna, y por otra asegurar suelo donde sus viviendas pudieran ser construidas, además con la ocupación se lograba dar techo de manera transitoria a las familias que más lo necesitaban. En paralelo a la ocupación de inmuebles se inició un proceso de autogestión que incluyó la formación de comités habitacionales y su postulación al subsidio habitacional, y el desarrollo de anteproyectos de arquitectura para evaluar la viabilidad de construir viviendas sociales en los terrenos ocupados. El año 2013 las familias ganan los subsidios habitacionales, y hoy negocian con las autoridades la entrega de los inmuebles ocupados a cambio de poder edificar en uno de ellos.

 

Discusión

 

A más de 20 años del comienzo de la implementación del plan de desarrollo para la renovación de Santiago, ya podemos ver sus consecuencias materializadas en la ciudad, las grandes torres de departamentos destinados a la especulación inmobiliaria han remplazado el tejido histórico de los barrios, las desvencijadas y muchas veces abandonadas casonas antiguas aparecen como islas entre torres de más de 20 pisos y sitio eriazos en “engorda” utilizados por mientras como estacionamientos o automotoras. Las buenas intenciones del plan no se aprecian por ningún lado, no existen ni la deseada integración social, ni el rescate del valor patrimonial. La respuesta a la pregunta “¿cómo la planificación puede vérselas con problemas estructurales?” esbozada por Marcuse en “Searching for the Just City” de 2009 parece ser un categórico no.

 

Por otra parte los pobladores de la red IRA personificarían lo que Lefebvre categoriza en el derecho a la ciudad como las fuerzas sociales y políticas “Sólo grupos, clases o fracciones de clases sociales capaces de tomar iniciativas revolucionarias pueden tomar en cuenta y llevar hasta su plena realización las soluciones a los problemas urbanos; la ciudad renovada será la obra de estas fuerza sociales y políticas”. Si las acciones tomada por los pobladores de la red IRA corresponden a iniciativas revolucionarias, estarían avanzando en la solución de los problemas urbanos, pero la interrogante surge en torno a si esas acciones se limitan a la resolución de sus propios problemas urbanos (la necesidad de techo), o existe la posibilidad de avanzar, ya sea por la radicalidad o por la suma de más actores, en cambios estructurales que permitan construir una ciudad más justa. Esta interrogante no puede ser respondida ahora ya que el proceso es incipiente y falta tiempo para medir sus consecuencias, pero a todas luces lo obrado hasta ahora resulta insuficiente, si el objetivo es una “ciudad justa”.

 

¿Las acciones realizadas por los pobladores de la red IRA pueden inscribirse dentro de la planificación comunitaria, enunciada por Marcuse como una respuesta a la imposibilidad de la planificación tradicional de avanzar en una ciudad más justa?. También es difícil determinar esto sin el tiempo suficiente para medir resultados y consecuencias, pero lo que es innegable es que corresponde a acciones comunitarias tendientes a defender el derecho a la ciudad. El peligro que corren estas acciones es que por un problema de escala pueden llegar a ser funcionales al sistema, si los pobladores triunfan, a pesar de todos los inconvenientes que han debido sortear, la autoridad podrá utilizarlos como ejemplo de que la planificación inicial está dando resultados, de que la integración social es posible, y de que no es necesario cambiar el sistema. Solo un aumento en la escala de la movilización podría generar cambios reales y permanentes, las acciones de los pobladores de la red IRA tendrían que ser como la bola de nieve que mientras avanza va creciendo y creciendo hasta que se vuelve avalancha. El problema de la escala es patente, mientras la aplicación del subsidio de renovación urbana es capaz de cambiar la composición de barrios enteros, la red IRA abarca solo dos casonas, y si bien es comprobable que son procesos que marchan en sentidos opuestos, uno hacia la expulsión de los marginados (la renovación urbana) y el otro hacia la apropiación de la centralidad (la red IRA), la asimetría de sus fuerzas es total, mientras que la red IRA avanza para generar 90 viviendas sociales autogestionadas en el centro de Santiago, son decenas de edificios inmobiliarios de más de 20 pisos que actualmente se están construyendo en el mismos barrio.

Ficha de lectura “THE “RIGHT TO THE CITY” IN URBANS SOCIAL MOVEMENTS” de Magit Mayer + Comentario crítico sobre el plebiscito del 2011 en Peñalolén

Reseña de los conceptos e ideas centrales del texto:

El texto parte de la premisa que la reunión de diversos movimientos sociales, bajo la consigna del derecho a la ciudad tiene el potencial de retar al actual modelo de desarrollo de la ciudad neoliberal. Haciendo la precisión de que a pesar de que el derecho a la ciudad ha sido abordado por ONGs internacionales e incluso agregado en la legislación de varios países, estas experiencias entenderían por derecho a la ciudad algo distinto a lo que apuntan los movimientos sociales cuando se toman las calles para protestar contra la gentrificación, la segregación, la imposición de mega proyectos inmobiliarios, o el cierre de la infraestructura pública y social.

La primera parte del capítulo busca contextualizar el slogan de el “derecho a la ciudad” haciendo una revisión histórica identificando el legado de las fases anteriores de las luchas sociales urbanas, buscando las características que hacen único al movimiento en la actualidad. La revisión histórica hace un recuento de las diversas consignas que cada movimiento levantó en su momento hasta llegar a la consigna actual del derecho a la ciudad. En los 1960s y comienzos de los 70s las consignas eran “Vamos a tomar la ciudad!” para los movimientos Europeos, y el “control comunitario” para los más pragmáticos movimientos afroamericanos de Norteamérica. En la medida que el despliegue del neoliberalismo en los años 80s fue desmantelando el estado del bienestar, los problemas presupuestarios empujaron a los gobiernos locales a cooperar con los movimientos sociales, lo que terminó por institucionalizar a muchos de ellos, y radicalizando a los que no tuvieron cabida dentro de los nuevos programas, también en esos años entran en escena movimientos de clase media con demandas concretas sobre la calidad de vida en sus barrios. La diversidad es tal que no surge una consigna capaz de unificar la acción de los diversos movimientos. En los 90s las políticas de desarrollo urbano neoliberales comienzan a adaptar parte del discurso de los movimientos sociales, tornándolo funcional a la reproducción y manteción del sistema, lo que fragmenta aún más a los movimientos. En estos años comienzan a ganar terreno las luchas contra la gentrificación con consignas como “Muere, yuppie de mierda!”, además de la aparición de los grupos antiglobalización con su “Otro mundo es posible”. A comienzos de los 2000s las crisis económicas limitan aún más el margen de acción para los movimientos, pero las luchas comienzan a adquirir un carácter global, los grupos antiglobalización descubren que es en lo local donde la globalización se materializa, y comienzan a movilizarse por la defensa de sus ciudades, llevando el mensaje de la “justicia global” a nivel local. La articulación global de la protesta urbana va logrando la convergencia de las diferentes corrientes bajo la consigna del “derecho a la ciudad”.

En la segunda parte del texto se presenta la gama de organizaciones y visiones que sustentan la consigna del derecho a la ciudad. Se reconocen dos tendencias, por un lado una más Lefebvriana que la vincula con el cambio social, esta tendencia es sostenida por nuevas coaliciones más politizadas y globales, que por primera vez integran tanto a grupos de excluidos con otros de relativamente privilegiados. Por otro lado las ONGs internacionales buscan asegurar una alternativa legalista al derecho a la ciudad con la redacción de documentos que enumeran una serie de derechos específicos y recomendaciones para una buena gestión urbana, pero las pretensiones que formulan se reducen a la solicitud de inclusión en la ciudad actual, sin tener como objetivo mayores transformaciones urbanas o sociales. La idea de que el crecimiento económico, la distribución justa y la sostenibilidad pueden ser compatibles y realizables por medio de la participación ciudadana, no se limita a las redes que buscan institucionalizar el “derecho a la ciudad” en contextos globales. También está muy extendida en movimientos locales, donde la demanda radical del “derecho a la ciudad” termina desvaneciéndose. El sistema neoliberal ha sabido institucionalizar, y cooptar ciertas luchas.

La tercera parte del texto es un análisis crítico a los movimientos que actualmente levantan la bandera del derecho a la ciudad en los países del norte global, y la necesidad de relacionar estas luchas con las de quienes han sido excluidos del modelo de ciudad neoliberal, principalmente en los países del sur. Actualmente en la ciudades del primer mundo el activismo político en torno a la producción de la ciudad es llevado por grupo dispares, están los que comparten una existencia precaria, los más radicalizados, y los de clase media que buscan defender su calidad de vida. Estos grupos sociales, aunque todos se ven afectados por las formas contemporáneas de la desposesión y la alienación, ocupan diferentes posiciones estratégicas dentro de la ciudad neoliberal postindustrial, existiendo el antagonismo entre los usuarios privilegiados de la ciudad por un lado, y la creciente “marginalidad avanzada” en el otro, estas luchas pueden terminar en algunos casos haciéndole el juego a la política urbana empresarial. En las ciudades de los países del sur han surgido muchos movimientos con base en los indígenas y en los marginados, que se caracterizan por tener desarrolladas estructuras organizativas y sus propios métodos de protesta, son grupos que se movilizan contra el despojo, el desalojo, la violencia policial y la represión, para lograr una mejoría de sus condiciones de vida. Las teorías que surgen desde el norte tendientes a que los movimientos urbanos se organicen a escala global, son rechazadas con frecuencia por los representantes de los movimientos del sur, ya que les son de poca utilidad. Los movimientos de los sin tierra y de pobladores de los países del sur comparten características que los diferencian de los movimientos progresistas tradicionales de occidente, pero a la vez los acercan a los movimientos de marginados en EE.UU., o a los de trabajadores informales migrantes del primer mundo. A pesar que cada vez es posible apreciar con mayor frecuencia las formas de protesta de los marginados del sur en la zonas marginadas de las metrópolis del norte, la conexión entre su lucha por el “derecho a la ciudad” con la de los izquierdistas, alternativos y creativos que se enfrentan al neoliberalismo no es sencilla. Los mundos simbólicos y lingüísticos de estas culturas son diametralmente opuestos: Por un lado es la lucha de clases, las relaciones de poder, la sociedad, el estado, la reforma y la revolución, por el otro, se trata de amor, la dignidad, la solidaridad, la comunidad, la rebelión, o la emoción.

El texto termina concluyendo que el potencial transformador que tiene el agrupar los distintos movimientos urbanos bajo la consigna del derecho a la ciudad se encuentra condicionado a la necesidad de relacionar las luchas de los movimientos sociales de los países del primer mundo con las de quienes han sido excluidos del modelo neoliberal principalmente en los países del sur, lo que pasa necesariamente por identificar aspectos en común y las conectividades que se generan gracias a la globalización.

Comentario Crítico:

En la ciudad de Santiago se pueden distinguir comunas cuyo ingreso per cápita es comparable al de los países del primer mundo, y otras donde ese indicador es comparable al de países como Angola, esta tremenda desigualdad socio-espacial es una característica que permite que movimientos sociales urbanos que responden a las lógicas del primer mundo, como los reunidos en torno a iniciativas como el reciente “Populusaurio”, compartan la misma ciudad con otros movimientos más cercanos a los que Mayer sitúa en el sur global, como los movimientos nucleados en la Federación Nacional de Pobladores (FENAPO).

Para Mayer el potencial transformador de la consigna del “derecho a la ciudad” se encuentra supeditado a la capacidad de convergencia que tengan los movimientos del primer mundo con los de los países del sur. Al observar lo que ocurre en Santiago se puede inferir que estamos muy lejos de dicha convergencia, principalmente debido a que los intereses de unos y otros son en muchos casos divergentes, incluso si analizamos un caso en el que ambos mundos convergieron y trabajaron con un fin común, como es el caso del plebiscito por la modificación del plan regulador de la comuna de Peñalolén.

En el caso del plebiscito de la modificación del plan regulador de la comuna de Peñalolén en 2011, se dio la circunstancia de que los movimientos sociales de pobladores organizados en el concejo de movimientos sociales de Peñalolén trabajaron en conjunto con los vecinos de la comunidad ecológica emplazada en la misma comuna, para oponerse a las propuestas de modificación del pan regulador comunal pretendidas por el gobierno local, el resultado de esta colaboración fue un histórico triunfo del “no” a las modificaciones propuestas por la autoridad comunal, pero lo que impulsó a los movimientos de pobladores a oponerse a las modificaciones propuestas, era defender terrenos en los que llevaban un proceso autogestionario bastante avanzado para la materialización de proyectos de vivienda social (estos terrenos aparecían sujetos a expropiación vial), así como exigir que un porcentaje del parque de Peñalolén fuera destinado para la construcción de viviendas sociales. Por su parte lo que motivó a los vecinos de la comunidad ecológica a oponerse a dicha modificación fue un cambio en las normas urbanísticas que posibilitaban la construcción de bloques de vivienda social en terrenos colindantes a la comunidad. Como se ve los objetivos de unos y otros eran divergentes, y la alianza naturalmente se disolvió luego del plebiscito, en las elecciones municipales de 2012 el gobierno local volvió a quedar en manos de quienes habían sido derrotados por lo movimientos sociales un año atrás. El potencial de cambio del modelo de desarrollo en este caso de la comuna, no pasó del reaccionario “no”, a pesar que tanto los movimientos de pobladores como los de sectores medios tenían visiones y proyectos de cómo debería ser este desarrollo, e incluso cuando pudieran tener muchas coincidencias en ellos.

Esta divergencia de intereses hace que lo que cada movimiento entiende por “derecho a la ciudad” sea muy distinto. Si para los pobladores el “derecho a la ciudad” significa un grito contra la gentrificación y su derecho a no ser expulsados de la ciudad, para los sectores acomodados significa el respeto a su calidad de vida. Quizás para un teórico progresista del primer mundo la confluencia de estos intereses en un solo eslogan puede tener un potencial transformador, pero al parecer esta idea tan solo funciona cuando los acomodados están en el norte defendiendo su calidad de vida y los pobres están en el sur luchando contra la expulsión, cuando estos movimientos comparten el mismo espacio urbano estas divergencia se transforman en conflictos que dificultan la convergencia, y el camino hacia las transformación del actual modelo de desarrollo de la ciudad neoliberal. Si le concedemos a Mayer que la realización de estas transformaciones pasa por dicha convergencia, entonces podemos concluir que se necesita mucho más que un eslogan unificador para propiciarlas.

Si uno se remite al dicotomía presentada en el curso entre revolución y planificación, que divide a los distintos autores que abordan la justicia urbana, yo creo que Magrit Mayer se inclina por la revolución, y es por esta razón que en el texto sitúa a los movimientos sociales como protagonistas de la lucha por el derecho a la ciudad en detrimento de las iniciativas emprendidas por ONGs y gobiernos las que buscarían según sus propias palabras “hacer parecer posible un neoliberalismo con un toque humano”. Pero es al momento de bajar este ideal revolucionario a ejemplos y propuestas de acción concreta cuando comienzan los problemas para estos teóricos, problemas que en el caso de Mayer son flanqueados con la hipótesis con la que concluye su texto, es decir con la potencialidad que tendría una convergencia entre diversos movimientos con diversos intereses que todavía no se ha realizado, pero que a su entender estaría en gestación. Remitiéndonos al caso de la ciudad de Santiago, no se observan en el panorama de los movimientos sociales grandes coaliciones compuestas por movimientos con intereses diversos que convergen por el “derecho a la ciudad”, y en los casos que estas convergencias se han producido por razones circunstanciales, se han disuelto una vez logrados los objetivos puntuales, diluyéndose junto a la convergencia su potencial transformador.

Matias Mlynarz
04 de septiembre de 2013

Los Nuevos Conflictos Sociales Derivados de las Políticas de Vivienda

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Hoy en mi calidad de presidente interino de comité de Hábitat y Vivienda del Colegio de Arquitectos, me tocó hacerme cargo de la moderación del foro titulado “Cuenta presidencial, transparencia en el proceso de reconstrucción y vivienda social” organizado por el Movimiento Nacional por la Reconstrucción Justa (MNRJ), el foro que en primera instancia tenía como objetivo ser un contrapunto ciudadano en materia de reconstrucción y vivienda social a la cuenta presidencial realizada el 21 de mayo en Valparaíso, fue una oportunidad de otorgar voz y un punto de encuentro a diversos dirigentes sociales que desde sus territorios, en distintas comunas y regiones del país, organizan a sus vecinos para hacer frente a los diverso conflictos sociales derivados de la implementación estatal de las diversas políticas públicas en materia de vivienda.

 

Mi conclusión de esta exitosa jornada, es que los nuevos conflictos sociales derivados de las políticas de vivienda son en esencia los mismos que se han repetido a lo largo de nuestra historia, los mismos que eternizan la tremenda segregación socio-espacial de nuestras ciudades. Los vecinos de Don Bosco que con subsidio en mano deben tomarse el terreno donde deberían construirse sus casas porque SERVIU considera que ya no es un terreno adecuado para la vivienda social. Los vecinos de Bajos de Mena obligados bajo amenaza a abandonar sus hogares y las pocas redes sociales que a duras penas han logrado recomponer luego de haber sido erradicados hace menos de 20 años de otros punto más codiciados de la ciudad, porque la potencialidades inmobiliarias del territorio en el que habitan han mejorado. Los vecinos de Villa Aurora de Chile que ven desaparecer su barrio para permitir la construcción de un puente en Concepción, que rentabilizará un mega proyecto inmobiliarios de oficinas, hoteles y centros comerciales. O los vecinos de Villa Portales, que se organizan para defender sus áreas comunes de la codicia inmobiliaria. Todos estos son ejemplos de lo que ya dijo Federico Engels en 1872 en su “Contribución al Problema de la Vivienda”, donde señalaba que “La misma necesidad económica que los había hecho nacer en un lugar (a los barrios con malas condiciones habitacionales) los reproduce más allá; y mientras exista el modo de producción capitalista, será absurdo querer resolver el problema de la vivienda…”. Pero el rayo de esperanza que se ilumina tras este foro es el potencial transformador de las relaciones sociales y económicas que tienen las comunidades organizadas, que de la mano con sus dirigentes sociales preparados técnicamente, y organizados en referentes nacionales como la Federación Nacional de Pobladores (FENAPO) o el mismo MNRJ, permiten hacer frente a las tenciones que produce el mercado inmobiliario que busca traducir espacialmente las relaciones económicas de nuestra injusta y desigual sociedad. Es así como los vecinos de Don Bosco en la Florida lograron que se construyeran sus viviendas en el lugar que correspondía. Los vecinos de Bajos de Mena resisten por mantenerse en sus hogares. Y la Villa Portales se organiza para resistir bloque por bloque.

 

 

 

Matias Mlynarz
Arquitecto.

 

Sesión teórica: Lectura de Planos

Esta clase la preparé para el curso de capacitación “Cooperativa de Mujeres para el Mejoramiento y Construcción de Viviendas”, comparto el material por si alguien debe impartir un curso de condiciones similares o está interesado en aprender a leer planos. El objetivo de la clase es proveer de conceptos básicos para facilitar la lectura de planos a los encargados de construir un proyecto habitacional, es por esto que se pone especial relevancia en lo que son los planos de arquitectura y cálculo estructural. Si lees el curso y/o lo utilizas para algo te agradezco me dejes algún comentario de que te ha parecido el material, gracias.

A. ¿Qué es un plano?: Es una representación gráfica, es decir, un dibujo de un proyecto. Cada proyecto según sus características específicas necesitará un número determinado de planos que permitan su entendimiento.

Un proyecto de arquitectura está constituido por diversos antecedente, de ellos parte fundamental son los planos.

B. Plantas: La planta es un dibujo que representa una sección horizontal de un edificio.

La sección horizontal se sitúa a la altura de las ventanas para que estas puedan ser apreciadas, a una altura aproximada de 1,10 m.

Para dibujar la planta hay que hacer de cuentas que se retira todo lo que está sobre la sección horizontal que queremos representar.

La planta es una representación sin perspectiva.

Los planos de un edificio cuentan a lo menos una planta por cada piso incluyendo una planta de cubiertas, que a diferencia de las demás no secciona al edificio, sino que lo muestra visto desde arriba.

Es importante en la planta de arquitectura la valoración (grosor) que se da a cada línea que la compone, porque permite entender la importancia de cada elemento. A la planta también se agregan otras informaciones gráficas que no son parte del edificio pero que nos permiten entenderlo de mejor manera como textos, cotas, niveles, etc.

C. Cortes: 

El corte se dibuja a partir del mismo principio de la planta, pero esta vez será la representación de una sección vertical del edificio. El corte al igual que la planta es sin perspectiva y también se complementa con información gráfica para permitir un mejor entendimiento.

D. Elevaciones: La elevación es la representación plana de la fachada de un edificio. Al igual que la planta y el corte se realiza sin tener en cuenta la perspectiva.

Fachada con perspectiva.Fachada sin perspectiva.

En un proyecto de arquitectura es fundamental desarrollar todas las fachadas de un edificio ya que en conjunto con los cortes complementan a las plantas señalando la ubicación en altura de todos los elementos que lo componen.

E. Escala: Es la relación matemática que existe entre las dimensiones reales del edificio y las representadas en el dibujo de un plano. Por ejemplo si la escala señalada en el plano es 1:50 significa que 1cm en el plano equivale a 50 cm de la realidad.

Algunas de las escalas más utilizadas son: 1:2 para detalles constructivos de encuentros entre materiales. 1:20 para detalles en general. 1:50 La más utilizada en los planos de arquitectura. 1:100 Para proyectos de mayor tamaño. 1:200 para emplazamiento de varios edificios. 1:500 se utiliza en loteos. 1:5000 para planos de ubicación.

F. Viñeta: Todos los planos deben tener una viñeta, en ella se señala toda la información relacionada con el plano, desde su título, que es lo que contiene, quien o quienes lo realizaron, quien es el propietario del proyecto, en qué dirección está emplazado, etc. La Viñeta es lo primero que debemos mirar en un plano, ya que en ella se nos indica su contenido.

G. Planos de estructuras: Los planos de estructuras son muy relevantes en el proceso constructivo, ya que son los planos que se utilizan para edificar principalmente la obra gruesa, en ellos están especificadas las fundaciones, los ejes estructurales, las características del acero que hay que poner en cada elemento, entre otra información relevante al momento de edificar.

Las plantas en los planos de estructuras al igual que en los de arquitectura son la representación de una sección horizontal del edificio, pero a diferencia de las plantas de arquitectura donde se representa la sección del edificio vista hacia abajo, en el caso de las de estructuras se representa la sección horizontal vista hacia arriba.

En la planta de estructura solo se representan los elementos estructurales, otros elementos como ventanas, tabiques, puertas, muebles, etc. son ignorados. En la planta de estructuras también se agrega información gráfica extra como cotas, ejes, niveles, denominación de las losas, entre otras, que nos permiten entender de mejor manera el proyecto.

En los planos de estructura no se presentan cortes y elevaciones de fachadas como en los de arquitectura, en su remplazo se presenta la elevación de cada uno de los ejes estructurales, se dibujan a partir de la sección que produce un plano imaginario trazado por la línea que define cada eje. Al igual que en las plantas de estructuras solo se dibujan los elementos estructurales, ignorando otros elementos como puertas, tabiques, o ventanas.